Civilización sobre el tapete

Aunque a la hora de la verdad no parece tenerse demasiado en cuenta, están ampliamente admitidas las bondades del acto de jugar en el ámbito del aprendizaje o de la socialización, pero en esta ocasión nos gustaría mostrar un ejemplo de su potencial también como herramienta de divulgación.

Hace poco más de cincuenta años, cuando nos sentábamos a una mesa para jugar con la familia o los amigos, solíamos jugar a las cartas, al dominó, al ajedrez, a las damas, al parchís o a la oca, juegos de mesa a los que, si echamos un vistazo a las estanterías de juegos de cualquier centro comercial de hoy, no nos queda otro remedio que considerarlos ya como “tradicionales”.

Seguramente, los que gustaban de aquellos pasatiempos recordarán con claridad el tremendo impacto que tuvo la aparición de juegos como el Monopoly o el Risk. Aquellos juegos llegaron a nosotros con una carga añadida que resultaba de lo más atractiva, y no era otra cosa que el hecho de que sus elementos –las fichas, el tablero, las reglas, etc.– representaban o simulaban, de algún modo y en algún grado, aspectos, ambientes, “temas” del mundo en el que vivimos. Así, con el Monopoly te sumergías en el mundo de la especulación inmobiliaria, comprabas, vendías, edificabas, tratando de amasar tu fortuna… Por su parte, con el Risk hacías tus pìnitos como estratega metiéndote en el pellejo de un General decidido a conquistar el mundo con sus ejércitos…

Desde entonces a esta parte, el abanico de temáticas que podemos encontrar representadas en este tipo de juegos es casi infinita, pero, en esta ocasión, no vamos a detenernos en la fascinante genealogía y evolución de lo que hoy se conocen como juegos temáticos o de simulación, ya que nuestra pretensión, esta vez, es llamar la atención del neófito sobre uno en concreto que vendría a marcar un antes y un después en este tipo de juegos, dando lugar a una nueva categoría conocida como juegos de gestión de recursos y sirviendo de inspiración a infinidad de variantes que se popularizarían a partir de entonces y que hoy sirven de base a una notable cantidad de los juegos online que podemos encontrar navegando por Internet, dejando en ellos la impronta de su potencial educativo y divulgativo. Nos referimos a…

Civilization

Diseñado por Francis Tresham y publicado en Inglaterra en el año 1980, el tablero de Civilization representa un mapa de los pueblos mediterráneos allá por el 8.000 a. de C. La especie humana ha dejado atrás los tiempos de la caza y la recolección y se dedica ya a cultivar campos, tejer ropa, viajar por los mares y levantar ciudades. Cada jugador tendrá en sus manos el desarrollo y el destino de uno de los pueblos de la época: egipcios, cretenses, babilonios, asirios, ilirios, tracios…

Detalles del tablero y fichas de juego.

A diferencia de la mayoría de los juegos de estrategia, el objetivo de este juego no es aniquilar a los adversarios o expandir un imperio o amasar una fortuna –de hecho, ni siquiera se utilizan dados–. Aunque la estrategia territorial tiene su importancia, el objetivo es civilizarse, avanzar en la historia, obtener un avance general como civilización que incluye factores tanto culturales, como económicos y políticos. Así que cada pueblo se dedica a reproducirse, crear asentamientos, cobrar sus impuestos, construir barcos y viajar a otras regiones, comercian y negocian –una de las fases del juego más divertida–, afrontan los desastres naturales y los causados por el propio ser humano, aprenden nuevos oficios y conocimientos, adquieren, en definitiva, cultura.

Cartas de materias primas para el comercio.

A medida que se cumplen determinados requisitos, cada pueblo avanzará para ser el primero en llegar al año 250 a. de C., época en la que finaliza el juego. Por el camino, cada jugador se esforzará para crecer, expandirse y gestionar sus recursos de la mejor manera posible con vistas a financiar nuevos avances –alfabetización, trabajo del metal, leyes…– que, a su vez, le ayudarán a hacer frente a los problemas y servirán de base para otros avances posteriores. Tales avances discurrirán eligiendo entre las distintas ramas de lo que desde entonces se conoce como el “árbol tecnológico” –Tech Tree–, innovador elemento de juego que acabaría convirtiéndose en la base imprescindible para cualquier juego de gestión de recursos de los muchos que habrían de seguir los pasos de Civilization. El concepto es tan simple cómo lógico; por ejemplo, una civilización no puede definir una constitución si en un estadio previo no ha aprendido a escribir y leer, de ahí un grado de alfabetización, y así sucesivamente.

Detalle de "árbol tecnológico".

En definitiva, para lograr la victoria, los jugadores deberán combinar sus dotes para el comercio y la cooperación con dosis de astucia y persuasión, de ambición y prudencia, de discreción y determinación, y, lo más importante, su capacidad para planificar estrategias a largo plazo y adaptarse a los cambios que vayan surgiendo.
Aunque el juego se encuentra descatalogado en la actualidad –aunque se puede encontrar en Internet de segunda mano o para imprimirlo–, Civilization crearía escuela y son innumerables los juegos de tablero de ese estilo que hoy se pueden encontrar. Con la llegada de las computadoras a nuestros hogares, no tardarían en aparecer versiones del juego adaptadas a las nuevas tecnologías. Y el “alumno aventajado” sería sin duda…

Sid Meier’s Civilization: el videojuego

Como en tantos otros campos, podemos afirmar que la computación amplió las posibilidades de los conceptos que el juego Civilization había puesto sobre la mesa. Planteado como videojuego de estrategia por turnos, el objetivo del Civilization de Sid Meier es desarrollar una civilización desde sus comienzos, abarcando un periodo que se iniciaría en la Edad de Piedra (4000 a. de C.) y finalizaría con la colonización espacial, en torno al 2050 d. de C. Gracias a su generador de mapas, el escenario ya no tiene porqué limitarse a una zona concreta del planeta: puedes jugar abarcando toda la Tierra o en geografías totalmente nuevas y desconocidas generadas por la propia computadora. Del mismo modo, el árbol tecnológico de la versión electrónica se ramifica de forma considerable, ofreciendo mayor variedad y detalle, lo cual significa un mayor abanico de estrategias y vías de avance en manos del jugador para el desarrollo de su civilización. Se puede jugar atendiendo a un enfoque histórico o prescindiendo del mismo, y, pensando también en los que gustan de los juegos estratégicos de enfoque bélico, ofrece diversas condiciones de victoria (desde la conquista por las armas a la conquista por medios económicos), pero en todos los casos el jugador deberá hacerse cargo del desarrollo cultural, social, científico y tecnológico, así como de las relaciones políticas, económicas y diplomáticas que mejor le convengan al plan que haya trazado.
En la actualidad, el videojuego Civilization está considerado como el mejor de su clase y cuenta ya con cinco versiones y un buen número de ampliaciones temáticas, pero, como apuntamos al principio, lo que nos ha traído a dedicarle esta entrada es su alto potencial divulgativo y educativo, aspectos que han estado presentes desde su origen.

Detalle pantallas de juego (Civ I, Civ III, Civ V).

Civilzation, tanto en su formato de tablero como en el electrónico, es un juego ideal para despertar el interés del jugador por la historia, la geografía, la ciencia, la economía, la gestión y la organización, los aspectos militares y diplomáticos, las problemáticas sociales, culturales y medioambientales (contaminación, hambruna, catástrofes, descontento, guerras…), permitiendo experimentar durante el juego los problemas y los desafíos que conlleva la evolución de una civilización. No en vano, desde la primera versión del videjuego, se incluye una sección bautizada como “Civilopedia”, una especie de enciclopedia en forma de ayuda de juego que el jugador puede consultar cuando guste, accediendo, a medida que se avanza en el juego, a completas y detalladas descripciones históricas, de cada avance científico o de cada unidad de las que van apareciendo en el juego (sea militar, civil, científica, técnica, etc.).
Sin dejar de recomendarles que lo jueguen, una vez expuesto lo anterior, y teniendo en cuenta la necesidad de formatos efectivos y actualizados tanto en divulgación como en un sistema educativo que necesita redefinirse y adaptarse a las nuevas tecnologías, nosotros no podemos dejar de preguntarnos… ¿para cuándo un civilization en las escuelas?

En busca de la divulgación perdida

por Ángel F. Bueno

Debo empezar esta líneas confesando mi propia confusión, sopesando incluso que se deba a una incapacidad mía para actualizar conceptos a la misma velocidad con la que mutan en estos vertiginosos tiempos nuestros. En cierto sentido, me siento como el loco de aquel chiste, que circulaba en contra dirección por la autopista y pensaba que los locos eran todos los demás… Así que antes de provocar algún accidente, aprovechando un resquicio de cordura, detendré el vehículo en el arcén y reconsideraré la situación.

   Cuando decidí explorar las rutas de la divulgación, lo hice siguiendo las indicaciones dejadas por grandes maestros como Sagan y Asimov. Para mí, las directrices estaban claras: la divulgación consistía, ante todo y sobre todo, en hacer llegar y explicar el conocimiento obtenido a través de la ciencia al ciudadano de a pie, al común, a aquel que no dispone de formación previa, pues el formado está ya “encarrilado”, sabe ya, supuestamente, cómo tirar del hilo y mantenerse al día, si así lo desea, gracias a la difusión o el periodismo científicos, cada vez más abundantes. Si en algún momento perdí de vista tal premisa, no tuve más que volver a leer, por ejemplo, las treinta primeras páginas de El código genético de Asimov, páginas que podría entender un niño de doce años sin excesivo esfuerzo.

   Me enseñaban aquellos maestros que la divulgación así entendida implicaba una abnegada labor docente, aunque hubiera que pecar de extrema sencillez y sacrificar, si fuera necesario, las pompas y los resplandores de lenguajes esotéricos, sólo aptos para iniciados, o de aquellas cátedras que tanto estudio y esfuerzo les costaron. Si pregunto por Asimov a pie de calle, la inmensa mayoría, en caso de conocerlo, dirá “¡Ah, sí, el escritor de ciencia-ficción!”; o, en el caso de Sagan, “¡Ah, sí, aquel de la tele, el de Cosmos!”. Muy pocos o ninguno dirán “el doctor en química” o “el doctor en astrofísica”. No es por sus credenciales que los recuerdan, sino por el poso que con sus artes divulgativas dejaron en sus cabezas, aunque tal sedimento no consista en nada más –y nada menos– que una sensación de cercanía, de familiaridad.

   Debo de estar haciéndome viejo y quisquilloso, porque, hoy, habiendo muchísima difusión –cosa magnífica–, apenas reconozco divulgación; o al menos divulgación de aquella. Tengo la impresión –y discúlpenmela de antemano, pues no arrastra acritud alguna– de que la “divulgación” haya quedado convertida en mera etiqueta para todo tipo de productos editoriales y audiovisuales, o en potencial vía de supervivencia para una miríada de titulados –cosa que me parece legítima en los tiempos que corren– a base de difundirse entre ellos, con mayor o menor atino y fortuna, la información que la ciencia y sus investigaciones va generando.

   Mientras tanto, el de a pie sigue sin entender una palabra: por más que le repitan el término “neutrino” es incapaz de comprender su relevancia, tal vez porque ni siquiera es consciente de la realidad atómica de lo que le rodea… La ciencia sigue siendo aquello que a veces le hace exclamar de admiración o sorpresa, como el que contempla un milagro o un sortilegio; sigue percibiéndola como que no va con él, como cosa reservada para el que tiene estudios, sensación de exclusión subrayada con cada línea a pie de artículo enumerando titulaciones, másteres, consultorías y demás acreditaciones.

   No quisiera pensar que se haya abandonado ya la intención de llegar al común, asumiendo que no pueda aspirar a más que a una fe reverencial para con la ciencia, como si de una religión se tratase. Si tal fuera el caso, quizá deba bajarme del vehículo y dejarlo en este arcén para ir en busca de otras rutas que me acerquen a las raíces del problema. ¿La escuela, tal vez? ¿Debo apuntar a esos monstruosos centros de propaganda y adoctrinamiento donde se suele mutilar desde la tierna infancia cualquier atisbo de librepensamiento, sentido crítico o analítico, tan necesarios para asimilar, entre otras cosas, el método científico? Tal vez haya que empezar por ahí, pero ese ya sería otro tema… ¿O es el mismo?

Recortes sin voz

Inmersos en una complicada situación económica, las políticas de “recortes” presupuestarios van sumando indignación a medida que las puntas de la tijera se clavan en uno u otro de los distintos tejidos de la sociedad.

Como bien sabemos, de esa indignación hemos visto nacer movimientos sociales que ocupan plazas, se extienden por los barrios de las ciudades, las poblaciones, las provincias, hasta propagarse a otros países expresando su malestar y su preocupación ante la merma de lo que sin duda son servicios fundamentales dentro de nuestras sociedades: salud, vivienda, educación…

Aún siendo comprensible la reacción del individuo ante aquello que le afecta de forma más directa, resulta de lo más revelador y sintomático que, entre la tronada de encendidas reivindicaciones, las voces que se alzan para denunciar otros recortes en sectores tan fundamentales como son la investigación y el desarrollo en ciencia y tecnología, apenas consigan resonar lo bastante como para superar la categoría de lo anecdótico, incluso en los medios de comunicación más serios.

Es por ello que hemos querido hoy destacar y difundir la iniciativa que el físico soriano Francisco J. Hernández puso en marcha el pasado 3 de enero desde su blog personal, “más con el objetivo de ser una reacción a una situación absurda que una propuesta concreta“, según sus propias palabras. La propuesta se resume con facilidad: exigir una casilla en la declaración de la renta para poder destinar un 0,7% de los impuestos que uno paga a los presupuestos de I+D+I. A día de hoy ha recogido casi doscientas cincuenta mil firmas.

Además de las felicitaciones por la iniciativa, no podemos dejar de subrayar –sin entrar en la alarmante miopía de los gobernantes–, el larguísimo trecho que queda por recorrer para hacer llegar el conocimiento y la comprensión de la ciencia hasta el grueso de una población que, por no entenderla y resultarle ajena, aún no alcanza a percibirla como algo suyo, no comprende que para disponer de mucho de lo que reivindica de forma mayoritaria ha hecho falta, primero, investigarlo.

A ritmo de divulgación

Siempre en busca de fórmulas que permitan llegar al gran público, aparecen cada vez más proyectos que echan mano de alguna forma de expresión artística como vehículo de divulgación.

El Dr. de Rhyme ‘n Learn

Sin ir más lejos, los que siguieron esta publicación en su edición impresa, saben de nuestro especial hincapié en el potencial inductor y divulgador que pueden tener –y de hecho tienen– expresiones artísticas como son la literatura, la música, los cómics o los juegos. Fruto de esa premisa fue la entrevista al grupo musical Aviador Dro que publicamos en el verano de 2010, donde esta veterana formación, cuyas composiciones siempre han presentado un estrecho vínculo con la ciencia, anunciaba el proyecto que ahora han puesto en marcha: La voz de la ciencia,  en el que proponen, según sus propias palabras, “un encuentro entre el arte y la expresión científica”.

No menos interesante es la iniciativa Rhyme ‘n Learn, que nos llega desde el otro lado del Atlántico de manos de Joe Ocando, un profesor de ciencias y matemáticas que ha elegido la música rap para ayudar a sus alumnos a retener términos y conceptos. Valga de muestra… el rap de Pi.

 

¿Quieres saber más?

“El arte es una forma de conocer la complejidad” (Capítulo 6 del libro Ideas sobre la complejidad del mundo, de Jorge Wagensberg.)

Una luz en la oscuridad

El pasado 20 de diciembre se cumplieron quince años de la muerte de Carl Sagan (1934-1996), uno de los divulgadores científicos más importantes e influyentes de nuestro tiempo, por lo que hemos querido dedicar nuestra primera entrada a su memoria. Y creemos que, para ello, nada mejor que llamar vuestra atención sobre una de sus obras más representativas en el campo de la divulgación.

Aunque para muchos Carl Sagan es conocido por Cosmos: un viaje personal, su magnífica serie de divulgación en televisión, en esta ocasión hemos preferido destacar el libro El mundo y sus demonios, obra dedicada fundamentalmente a explicar al ciudadano de a pie, al que no cuenta con conocimientos científicos previos, las bases del método científico, al tiempo que estimula en el lector el pensamiento crítico, dotándole así de las piezas básicas para acercarse a la ciencia. Esa voluntad didáctica es, en nuestra opinión, lo que convierte al citado libro en un modelo de lo que debería ser la divulgación científica, y a su autor en un auténtico maestro.

El inicio de una nueva órbita

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡Nooo! ¡Es “Satélite”!

Bromas aparte, estamos encantados de haber podido citaros aquí para comunicar que el proyecto de divulgación popular “Satélite” inicia una nueva etapa. Cumplido un año desde que nos viéramos obligados a cancelar la edición en papel, hemos mantenido intacta la ilusión por seguir realizando esa estimulante labor que seguimos considerando cada vez más necesaria: acercar al gran público a los terrenos de la ciencia y la tecnología, haciéndole llegar, de la forma más comprensible y amena que se nos ocurra, el pensamiento racional y los conocimientos básicos para entenderlos.

Ciertamente, nuestro “Satélite” no se ha detenido del todo en ningún momento, pues hemos mantenido actividad en varias redes sociales, donde vuestra constancia en la atención y en el apoyo que nos habéis mostrado nos han animado a mantener el ronroneo de nuestros motores. Así que, en cuanto nos ha sido posible, hemos puesto manos a la obra y… ¡aquí estamos!

No creemos que haga falta extendernos ahora mismo sobre lo que vais a poder encontrar en este nuevo formato de “Satélite”, ya que pronto lo comprobaréis, semana tras semana, a medida que vayamos cogiendo velocidad. Decir únicamente que nuestra idea es seguir fieles a los principios de lo que bautizamos como divulgación pop, aprovechando esta vez las posibilidades que ofrece la Red tanto para difundir la información como para ampliar las vías de comunicación y de participación con todos vosotros.

Sin más preámbulos, iniciamos la transmisión. Seguid atentos a vuestros terminales…

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